En la primera semana de mayo los mercados sufren con una pronunciada caída en las cotizaciones de las acciones y los commodities, debido a malos datos e indicadores en los países centrales y a una propensión de los inversores a ver y juzgar la realidad económica y financiera global por el lado más desfavorable. Ayer, sin embargo, hubo un respiro en las Bolsas.
El inesperado derrumbe de la confianza, en el exterior, muestra el peligro de la política monetaria discrecional por el exceso de liquidez y aunque los productos básicos tengan sólidas razones fundamentales por el lado de la oferta y demanda, ya se alertó de lo que viene. En la Bolsa argentina, la situación fue peor: al reducido volumen de negocios lo afectó aún más el clima tenso entre la empresa líder Siderar -ex Somisa- y el gobierno. Ayer la Comisión de Valores levantó la suspensión a la empresa. Al cúmulo de opiniones sobre el sector público en el privado y a este teniendo al primero como socio no menor, le falta un juicio o criterio definitivo: la opinión de los jubilados, que son los dueños de esas acciones junto a los que acumularon aportes en los fondos de jubilación privada, ahora manejados por la Anses. Ellos deben decidir si es conveniente vender esas acciones y que los fondos que generan esas tenencias los maneje el Estado, o mantener su posición y estar representados en el directorio, como manda la ley.
En la Argentina hace tiempo que poco se consulta a su gente, y cuando hay un período electoral, como ahora, hasta último momento no se sabrá por quién votar. Es un error subestimar a los mayores porque saben; muchos en su momento -por ejemplo- canjearon sus títulos bocones -con los que el menemismo les pagó parte de su deuda- por acciones de YPF; ganaron y hasta disfrutaron. Por eso habría que preguntarles, en vez de politizar en un conflicto de intereses por los ahorros de una vida.